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Proponen una identidad visual para Anonymous

Qué sucedería si Anonymous fuera una corporación. Esta es la pregunta que se hizo el diseñador danés Jakob Poulsen de Wolff Olins New York (www.madsjakobpoulsen.com). Qué forma tendría la marca.

Anonymous, por si hay alguien por ahí perdido, es un grupo que realiza diversas acciones a favor de distintas causas (si, todo muy inconcreto porque la lista no terminaría) valiéndose sobre todo de los medios digitales y manifestaciones callejeras, y amparándose en el anonimato.

Actualmente utilizan como firma o imagen del grupo un hombre en traje, con corbata y sin cabeza, en su lugar un signo de interrogación, aludiendo a la ausencia en el grupo de líderes visibles.
Para preservar el anonimato en las acciones callejeras, utilizan la famosa máscara de Guido Fawkes, como parte del atrezo identitario.

Poulsen, en su ejercicio de diseño ficción, ha imaginado a Anonymous como un grupo anti-autoritario pero de forma convencional, que necesita una marca para dar a conocer su labor e identificarse en distintas aplicaciones.

Lo interesante del trabajo no es el símbolo (un tachón), que por cierto recuerda mucho a la identidad del estudio madrileño IS, recientemente premiada en los Brand New Awards (podéis verla aquí). Y digo que no lo es, porque se trata de una solución efectista que, salvo por el juego que hace en las aplicaciones ocultando los datos significativos y mostrando aquellos que no desvelan información relevante, no supone nada extraordinario.

Lo interesante realmente es todo lo que rodea a ese símbolo, y que conformaría la identidad de marca, pues encaja de forma coherente con lo que representa Anonymous, justificándose además con mucho sentido.

Por ejemplo, el uso de la Arial como tipografía supone un refuerzo al carácter contestatario de Anonymous, una respuesta a la hegemonía de la Helvética, epítome del diseño alienado.

Para el uso de imágenes, Poulsen propone que el material responda a clichés vinculados a los temas de reivindicación social y además provengan de bancos de imágenes con derechos, manteniendo la marca de agua propia de estas imágenes, en un gesto de coherencia exhibicionista.

Y como guinda, el símbolo de copyleft que adorna el tachón. No está sujeto a derechos de autor sino a “derechos de copiador”. Muy bien atado.

El conjunto, al final, con pocas cosas está muy bien conseguido, pues rebosa sentido, y formalmente muy bien compuesto. Dudo que apliquen esta propuesta pero no les vendría mal cambiar la rancia chaqueta y el interrogante por algo más pulcro y consistente. El buen gusto no está reñido con posturas reivindicativas o antisistema, por mucho que se empeñen en lo contrario.

Si además no le pidieran permiso a Poulsen para hacerlo, ya sería el final perfecto.

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